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        <title>EL TIEMPO.COM - Viajar</title>
        <link>http://www.eltiempo.com/vidadehoy/viajar/17demayode2008/index.html</link>
        <description>Canal de noticias de eltiempo.com</description>
        <language>es-ES</language> 
        <copyright>COPYRIGHT © 2008 Casa Editorial EL TIEMPO S.A</copyright>

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            <title>ELTIEMPO.COM</title>
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<title>Un día de safaris en el Parque Kruger en Sudáfrica</title> 
<link>http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/viajar/~3/292007128/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4169770.html</link><pubDate>VIE 16 MAY 2008 06:34 PM</pubDate><description>En 24 horas es posible realizar dos safaris en los que con seguridad podrá ver a los reyes de este imperio sudafricano: leopardos, leones, elefantes, búfalos y rinocerontes.</description>
<content:encoded><![CDATA[<P><FONT class=intertitulo>Primer safari </FONT></P><FONT class=textoNormal>
<P><FONT class=textoNormal>5 a.m. Es prudente madrugar mucho cuando se está en un destino como este. En Sudáfrica cada segundo vale oro (tanto en dinero como en tiempo) y por eso es prudente ir siempre muy atentos y vigilantes.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Muy al amanecer parten los primeros safaris que deben ser acordados con anticipación con los hoteles o las agencias. Los jeeps, especialmente acondicionados para estos recorridos, se internan en esta pradera africana ubicada en las fronteras con Zimbabue y Mozambique. Al mando un experto conductor y un ranger que conocen esta tierra como la palma de sus manos.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>La cámara fotográfica lista para disparar. Las infinitas llanuras que integran los 19 mil kilómetros cuadrados (un tamaño similar al departamento del Huila) de este parque ubicado en el norte de Sudáfrica, se muestran plenas y llanas. Árboles de mediano tamaño y algunas lagunas se divisan, mientras el vehículo recorre trochas ya transitadas.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Silencio. Los viajeros van muy concentrados. Saben que en cualquier instante salta la liebre y tras ella, cualquier sorpresa...</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>La oscuridad del amanecer se desvanece y el cielo se torna blanquecino. La ansiedad desespera cuando pasan los kilómetros y los protagonistas de esta selva no aparecen.&nbsp;</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Tiempo suficiente para valorar lo que vendrá enseguida. Obviamente las primeras que se divisan a lo lejos son las gigantescas y esbeltas jirafas. Más de 4.000 de ellas habitan esta región. A su lado pastan las cebras y los pequeños y peleones jabalíes. Y así uno a uno van entrando a escena: impalas, serpientes, suricatas, algunas de las 517 especies de aves y más de 1.982 especies de plantas que imperan en esta tierra, visitada cada año por más de un millón de viajeros. Curiosamente los habitantes más anhelados del Parque Nacional Kruger no se dejan ver. Son los 'cinco grandes': elefantes, búfalos, leones, leopardos y rinocerontes, que se convertirán entonces en la gran recompensa del viaje.&nbsp;</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Una parada para tomar una pequeña merienda, y sobre las 10 de la mañana se emprende el regreso a cualquiera de los 21 campamentos, siete refugios privados a concesión u 11 refugios privados, que hay en la inmensidad del parque. El mediodía</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>El resto de la mañana y la primera parte de la tarde son un buen momento para disfrutar de los suntuosos hoteles sudafricanos, catalogados entre los mejores del mundo. La Reserva de Singita, por ejemplo, ha sido aplaudida por su arquitectura, gastronomía y servicio. Allí están Singita Lebombo y Sweni lodges (dentro del Parque Kruger) y Singita Boulders y Ebony lodges en la adyacente reserva de Sabi Sand.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Son hoteles con diseños que se integran totalmente a la naturaleza y respetan el territorio animal, pues saben que son intrusos. Están construidos para que los animales circulen libremente, a tal punto que es fácil ver a algunos bebiendo en las piscinas de los bungalós o sentarse a almorzar en una terraza desde la que es posible divisar búfalos y rinocerontes.</FONT></P></FONT>
<P><FONT class=intertitulo>Segundo safari </FONT></P><FONT class=textoNormal>
<P><FONT class=textoNormal>4 o 5 p.m. La temperatura baja. El jeep irrumpe nuevamente por los caminos de esta selva que hoy es parte del Parque Transfronterizo del Gran Limpompo, un parque de la paz que vincula al Parque Nacional Kruger con el Parque Nacional Gonarezhou en Zimbabue y al Parque Nacional Limpompo en Mozambique. Este safari promete ser muy emocionante, pues tomará parte de la noche, cómplice y amiga de andanzas de muchas de las criaturas que allí habitan. Por eso es clave siempre planear que una de estas visitas sea a la luz de la Luna. Una vez internos en la selva, las huellas de los animales hacen su aparición. La paciencia se acaba. Es hora de ver a los grandes.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>El jeep se detiene y, agazapado bajo un ramal, un leopardo con su presa. Emoción y silencio. Las cámaras entran en acción. El ranger acerca el vehículo con prudencia. 10 o 15 minutos en la escena son sufrientes para saciar la sorpresa.&nbsp;</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Es hora de seguir. Unos kilómetros más adelante se llega a tierra de leones. Allí están, adormilados y juguetones... Ni siquiera se dignan mirar, ignoran por completo a los viajeros.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Y para que la emoción llegue al extremo repentinamente la lluvia rompe fuerte contra los pastizales, y los truenos y relámpagos acompañan la escena. Impermeables y valor. Los impactados viajeros siguen impávidos la escena.&nbsp;</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>La noche cae y en la inquebrantable oscuridad el ojo aguzado del guía detecta en la copa de un árbol a un leopardo con su presa, un pequeño venado que atrae además la atención de una hiena que espera impaciente su parte. La jornada termina y el asombro ante la majestuosidad del imperio animal perdura para toda la vida.&nbsp;</FONT></P></FONT>
<P><FONT class=textoNormal>* INVITACIÓN DE KIBOKO VOYAGES, TOUR OPERADOR DE 11 PAISES DE AFRICA MERIDIONAL, SOUTHAFRICAN AIRWAYS Y COPA AIRLINES.&nbsp;</FONT></P><img src="http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/viajar/~4/292007128" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><feedburner:origLink>http://www.eltiempo.com/vidadehoy/viajar/17demayode2008/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4169770.html</feedburner:origLink></item>
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<title>La Tatacoa, en el Huila, asombra con sus tierras color ocre</title> 
<link>http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/viajar/~3/292007133/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4170069.html</link><pubDate>VIE 16 MAY 2008 07:49 PM</pubDate><description>Un paisaje desértico y de vegetación abundante.</description>
<content:encoded><![CDATA[<P><FONT class=textoNormal>Los rayos del sol perforan las nubes y se incrustan como agujas en la piel. Al fondo, un paisaje de espejismos difusos se perfila en esta tierra disímil, donde las sorpresas que puede llevarse quien la visite empiezan a aflorar antes de divisar el ocre de su arena que se confunde con el verde de su bosque.&nbsp;</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Descubrir el panorama de La Tatacoa permite comprender que Jorge Villamil escribió su canción para rendir homenaje a esa 'tierra bonita' situada al sur del cerro de Pacandé, donde se miran los cerros azules en la lejanía y los paisajes de verdes llanuras le dan vida a todo lo que encierra esta sin igual región de Colombia.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>No en vano esta zona, ubicada al norte del departamento del Huila, es una de las más enigmáticas, bellas y extremas del país. Es una tierra salvaje donde las fuerzas de la naturaleza imponen sus designios. En sus entrañas guarda secretos biológicos engendrados en las profundidades del tiempo.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>En cada oportunidad que he tenido de recorrer La Tatacoa y sus alrededores, lo que me sorprende es su abundante vegetación. Y es que La Tatacoa con toda su resequedad y su follaje espinoso realmente no es un desierto, sino un ecosistema que corresponde al bosque tropical muy seco ubicado en el valle formado entre las cordilleras Central y Oriental, en la mitad del alto Magdalena.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Los 330 kilómetros cuadrados de La Tatacoa enmarcados por los ríos Magdalena, Ambica, Guaroco y Villavieja tienen mucho que ofrecer: decenas de sitios con formaciones geológicas, 48 quebradas, un observatorio astronómico en posición geográfica privilegiada, vestigios indígenas, huellas de la Conquista y del dominio jesuita, pero sobre todo un paisaje para hacer un viaje en el tiempo: lugares, gente y escenas que podría haber encontrado un viajero de varios siglos atrás.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Entre la multitud de atractivos que conforman el lugar se destacan algunos como las Lajas, el Cuzco, el Cardón, y las diferentes formaciones geológicas que, por la similitud que presentan con algunas especies de animales o de objetos, son conocidas por los lugareños con nombres como Ventanas, el Elefante, el Cocodrilo, los Hoyos, Ciudad Perdida, el Valle de la Muerte, el Estrecho de las Señoritas, la Venta y muchos otros. Este último, uno de los mayores depósitos de fósiles de vertebrados del período conocido como Mioceno.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>En la zona nororiental se encuentra un soberbio testimonio dejado por los indígenas que en el pasado vivieron en estas tierras: la Piedra de Doche, que exhibe los rastros de la cultura de este nombre que habitó en la ribera del río Cabrera en la época prehispánica.&nbsp;</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Recientemente se produjo un cambio en el curso del río, lo que provocó que sus aguas rodearan la piedra. Este fenómeno se puede observar en la actualidad en época de verano.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Un pasado remoto</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Para adentrarse en La Tatacoa se puede partir de Villavieja, ubicado a 37 kilómetros de Neiva, desde donde se toma la carretera que, al oriente, conduce a la zona desértica. Esta población, conocida como la 'Capital Antropológica de Colombia', encierra un pasado cargado de luchas entre sus pobladores precolombinos (doches, totoyoes y pijaos) y los conquistadores españoles.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>En 1537, estando en Tunja, Gonzalo Jiménez de Quesada emprendió con su tropa un viaje hacia Neiva en busca de oro, pero el viaje resultó inútil. El calor fue implacable, los españoles padecieron hambre y enfermedades que los obligaron a regresar sin los tesoros esperados, y por eso el conquistador bautizó a esta zona 'Valle de las Tristuras'.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>La Tatacoa es un escenario ideal para el rodaje de una película de Spielberg, pues su riqueza paleontológica lo establece como uno de los sitios más ricos en el mundo, con huellas propias de una era en donde la cordillera de los Andes estaba apenas en formación.&nbsp;</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Esta abundancia le da vida al Museo Paleontológico localizado en la iglesia Santa Bárbara, edificada en el siglo XVIII por los jesuitas, en Villavieja. El museo está dividido en tres salas y cada una contiene representaciones geológicas con piezas como rótulas, fémures, caparazones de tortuga, cocodrilias y también muestras de árboles fosilizados, como los que aún se observan en el llamado Valle de los Xilopalos, ubicado nueve kilómetros al oriente del observatorio.</FONT></P>
<P><FONT class=textoNormal>Uno de los hallazgos emblemáticos es el Megatherium o la Gran Bestia, uno de los mamíferos más grandes que caminaron sobre la Tierra, tan pesado como un elefante y con garras en sus patas. También hay fósiles de reptiles y otros mamíferos que dan cuenta de una época que moldeó el dramático paisaje y de una cultura que hunde sus raíces en esta tierra misteriosa.<BR>&nbsp;</FONT></P><img src="http://feeds.eltiempo.com/~r/eltiempo/viajar/~4/292007133" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><feedburner:origLink>http://www.eltiempo.com/vidadehoy/viajar/17demayode2008/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-4170069.html</feedburner:origLink></item>

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